Este es el texto de un artículo que he publicado recientemente en la revista del CIEMAT, Vértices, sobre la gestión de los residuos en la ciudad inteligente.

http://www.ciemat.es/vertices/vertices-252016/Vertices25/index.html

 

art nuevas tenconolgias

 

Las ciudades han abrazado históricamente la tecnología como una aliada para el progreso, confiando en ella el desarrollo humano y las mejoras en la calidad de vida de sus habitantes. La tecnología nace y desarrolla en entornos urbanos desde hace siglos. Entonces, ¿por qué es ahora cuando hablamos de ciudades inteligentes? ¿Acaso antes las ciudades no lo eran?

Para responder a estas preguntas y entender el porqué de la irrupción masiva del concepto de smart cities hay que partir de un hecho previo: desde hace unas décadas vivimos en la llamada era de la información, en la que las nuevas tecnologías están revolucionando la forma de entender y relacionarnos con nuestros entornos. Las llamadas TIC, que evolucionan a una velocidad de vértigo, tal y como ya predijo Gordon Moore hace 50 años (descubrió que el número de transistores integrados en un circuito duplicaba su capacidad cada año o año y medio), están cambiando la gestión urbana y, quizás lo más destacable, los canales a través de los que el ciudadano se relaciona con otros ciudadanos y con los gestores, tanto públicos como privados, de sus ciudad. La nueva gobernanza y los procesos de open data y de transparencia están en el centro de esta nueva realidad.

Esta cuarta revolución industrial (para algunos como Nokolai Kondratiev, sería la quinta) se lleva ya unos años expresando bajo el paradigma de la innovación tecnológica, los principios de la economía circular, la industria 4.0 o el Internet de las Cosas (IoT). Todos ellos avances que se pueden agrupar en un mismo concepto: introducir las TIC en el diseño y gestión de los flujos urbanos para optimizar sus rendimientos y aumentar su eficiencia, respondiendo así a una necesidad de reducir costes y, lo más importante, dar respuesta a una crisis ambiental cuyo mayor exponente, pero no el único ni mucho menos, es el efecto del cambio climático. Que las ciudades españolas han crecido rápido y mal en las dos últimas décadas es una realidad tangible. El llamado urbanismo difuso (urban sprawl) nos ha alejado del modelo histórico de ciudades mediterráneas, compactas, eficientes y densas. Hoy, tanto el urbanismo difuso como el incremento en el uso de los recursos naturales y de la energía nos lleva a un desequilibrio de la huella ambiental urbana que obliga a reflexionar (y actuar) para revertir el panorama. En otras palabras, vivimos en ciudades que están muy lejos de ser sostenibles y, mucho menos, inteligentes.

 

Gestionar los residuos

 

España genera anualmente algo más de 20 millones de toneladas de los llamados residuos sólidos urbanos (sólo son una parte del total de los residuos que se generan a nivel nacional). Cada español genera 449 kilos de residuos sólidos urbanos (RSU) al año, de los cuales un 20% se recicla, un 10% se destina a generar compost y un 10% se incinera. El restante 60% acaba en el vertederos (datos 2013, Eurostat). Aunque existen importantes críticas sobre la forma de gestionar estos datos por parte de Eurostat, dado que no todos los países utilizan los mismos parámetros para hacer sus cálculos, este escenario es, en todo caso, muy mejorable. Los objetivos en la UE para 2020 marcan el 50% como el mínimo de residuos que han de ser reutilizados o reciclados. Sin embargo, el nuevo Paquete de Economía Circular presentado hace unos meses por la CE eleva estos objetivos y apuesta por alcanzar el 65% de reciclado para el año 2030 (75% para fracciones como los envases domésticos), además de jerarquizar la gestión de los residuos: reducir, reutilizar, reciclar y valorizar energéticamente. Los países miembros sólo podrán enviar al vertedero el 10% de sus residuos como máximo.

Por otro lado, ya existe una propuesta por parte del Parlamento Europeo para actualizar la Directica de 2008 sobre residuos. En dicha propuesta, los datos aportados son clarificadores: “La economía de la Unión pierde actualmente una cantidad significativa de posibles materias primas secundarias que se encuentran en los flujos de residuos. En 2013 se generaron en la UE, en total, unos 2.500 millones de toneladas de residuos, de los cuales 1.600 millones de toneladas no se reutilizaron ni reciclaron (…). Se estima que podrían reciclarse o reutilizarse 600 millones de toneladas adicionales. A modo de ejemplo, únicamente se recicló una parte limitada (43%) de los residuos municipales generados en la Unión, depositándose el resto en vertederos (31%) o sometiéndose a incineración (26%). La Unión desaprovecha así importantes oportunidades para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos y para crear una economía más circular”.

 

A diferencia de algunos tipos de residuos que cuentan con sistemas integrados de gestión de recogida separada (SIG), como envases, papel/cartón, vidrio, aceite de automoción, neumáticos, aparatos eléctricos y electrónicos, etc., el gran salto cuantitativo se pretende dar en la gestión de los residuos orgánicos, que suponen la fracción mayoritaria. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, casi el 38% de los residuos que generamos son orgánicos. De ahí que el ayuntamiento madrileño, como ya han hecho y harán otras ciudades y pueblos, estudia la viabilidad de instalar la recogida separada de residuos orgánicos a través del llamado “quinto contenedor”. Parece que sólo recogiendo de manera separada la fracción orgánica para tratarla de manera adecuada (por ejemplo haciendo compost) se podrán alcanzar los objetivos marcados. Y no sólo los de la UE, sino también los nacionales, porque el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos 2016-2022 (PEMAR), aprobado recientemente, marca como objetivo el 50% de reciclaje, en línea con las aspiraciones comunitarias.

 

Innovación urbana

 

Este es el contexto al que se enfrentan los gestores municipales para mejorar, y mucho, el tratamiento de los residuos. Además de digerir el mal urbanismo de los últimos años, que antes mencionábamos, las ciudades españolas están intentando surfear la ola de las nuevas tecnologías que vienen a transformar la manera de consumir recursos y servicios. Las llamadas smart cities o, lo que sería más exacto, la aplicación de procesos de innovación usando las nuevas tecnologías, han irrumpido con fuerza en numeroso flujos urbanos como el transporte y la movilidad, el agua, el consumo energético, la iluminación de los espacios públicos, el mantenimiento urbano, la limpieza de las calles, etc., además de provocar nuevas posibilidades en la relación del ciudadano con su gobierno local gracias a conceptos como el open data, la participación activa y la transparencia en la gestión pública. La gestión de los residuos también está evolucionando en este sentido. Los pasos más importantes se están dando en varias ciudades españolas (por ejemplo Barcelona y Santander) que están instalando sensores en los contenedores de recogida. Dependiendo del tipo de sensor y la red que use para transmitir datos, este sistema permite conocer cuándo y cómo se recoge el contenedor, pero también cuándo está lleno y, por tanto, a qué hora debe pasar el camión de recogida. Esta aplicación de sensores, algo que en otros aspectos urbanos ya es bastante habitual, está obligando a revisar todo el proceso de recogida y tratamiento de los RSU, especialmente aquellos residuos que tienen recogida selectiva a través de los contenedores amarillos, azules y verdes (muy pronto veremos el marrón para el orgánico). La innovación tecnológica también permitiría conocer quién y cómo se generan los residuos de una manera muy detallada, lo que abre la posibilidad de instalar el llamado sistema de pago por generación (pagas en función de los kilos de residuos generados o por la cantidad de residuos que has separado en origen para reciclar, por ejemplo). A pequeña escala, ya hay algunas experiencias piloto en este sentido. En el pueblo de Tiana, muy cerca de Barcelona, su ayuntamiento está aplicando las nuevas tecnologías para mejorar la trazabilidad de los residuos. El contenedor marrón para orgánico de cada hogar incorpora un sensor que es leído por una antena de alta frecuencia incorporada a los camiones de recogida, detectando posibles fallos e incidencias. Esto ha permitido mejorar la calidad de los residuos recogidos de manera separada y reducir costes del sistema de recogida.

 

Sin duda, la innovación como palanca de una transición para pasar de una economía lineal a una circular, es la hoja de ruta para la gestión de los residuos en las próximas décadas, reduciendo la demanda de materias primas y de gases de efecto invernadero, generando puestos de trabajo en la llamada “economía verde” y rebajando la presión ambiental sobre los ecosistemas.

 

Carlos Martí

Director de la revista Ciudad Sostenible

 

 

 

Bibliografía:

  • Circular economy in Europe. Agencia Europea del Medio Ambiente, AEMA. EAA Report 2/2016

 

  • The circular economy and benefits for society. The Club of Roma, 2015.

 

  • Comunicación de la Comisión: “Cerrar el círculo: un plan de acción de la UE para la economía circular”. Diciembre 2015.

 

  • Propuesta del Parlamento Europeo y del Consejo de diciembre de 2015 de la nueva Directiva de Residuos que modifica a la Directica 2008/98/CE sobre residuos

 

  • Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos, PEMAR. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, MAGRAMA. Noviembre 2015

 

 

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